Sueca

El paciente impaciente
11/07/2019
Dada la gravedad de lo que está ocurriendo en la Agricultura valenciana y por el "efecto dominó" que pueda ocurrir a todo el sector agrario español, se ha preferido aplazar la 2ª parte del "Certificado de Agricultura Ecológica" y hacer un pequeño comentario de lo que está pasando, ya que nos tememos que evolucione como un enfermo en fase terminal.

Desgraciadamente ya han pasado definitivamente aquellos tiempos en que con pocas hanegadas (1 hectárea equivale a 12 hanegadas) "se podía vivir" trabajando en el campo, con la profesión de agricultor o ganadero a tiempo total. Bueno se vivía como antes teníamos por costumbre, es decir, gastar lo mínimo e indispensable, sin nada de lujos y, el que podía, ahorrar.  Ahorrando  hasta que tuviera suficiente para poder comprar otras hanegadas de tierra y trabajar más todavía.
Bueno, estos eran "los ricos". Otros, ni eso, pues iban a jornal cuando lo había y cuando no, se quedaban en la plaza esperando. Eran los de "la colla", que en mis tiempos de niñez los veía reunidos cuando iba al colegio. En mi casa, como se disponía de unas pequeñas parcelitas, cuya suma total no pasaba de una hectárea y media y no todas en propiedad, el jornal y el trabajo no faltaba nunca y es pertinente recordar que se trabajaba por la mañana, por la tarde y por la noche. Actualmente ya se ven más agricultores en las procesiones y actos folclóricos  que en el campo. Al menos en Sueca y por lo que me cuentan por ahí, en la mayoría de los antiguos pueblos agrícolas.
¿Qué está pasando ahora?. Estamos en el Mercado Común, ahora llamado U.E., o sea, en Europa, el país de las maravillas, donde antes se tenía que pagar un peaje para poder exportar nuestras cosechas y la agricultura valenciana siempre ha sido de exportación. Ahora ya estamos dentro de ese paraíso que anhela mucha gente, tanto cercana como de lejos. Todo tendría que ser bueno, fácil y cómodo. Tenemos de todo (algunos), o al menos nos privamos de poco, aunque en la prensa aparecen casos frecuentes de desahucios, gente que no llega a disponer de suficiente dinero para atender a sus necesidades más perentorias, pero también todo lo contrario, ya que algunos les sobra el dinero y lo gastan porque no les cuesta nada, como los políticos que regentan la "tele valenciana" que se gastan 18.000 euros más IVA, comprando 15 sillas por "estética y modernidad". No es raro de que la gente se queje  de los impuestos  actuales, que tenemos que pagar y no les falta motivos, por la gran cantidad de empleos oficiales.  Antes no se pagaba ni la mitad, pero tampoco teníamos toda esa cantidad de comodidades que se tienen ahora para nuestro disfrute o que se supone para facilitar nuestra comodidad y que antes no disfrutábamos.
Recuerdo la anécdota de un inglés, a principios de los años 70, afincado en la Marina Alta alicantina, perteneciente a un grupo de agricultores del  SEGE de Benissa (Seminario de Gestión de Explotaciones), que se tenía que ausentar  de una reunión, porque tenía que ir a su país a pagar los impuestos de su vivienda. Cuando dijo que iba a pagar 180.000 ptas., los demás le preguntaban si iba a comprarla, ya que, por ejemplo, nosotros pagábamos 1.500 ptas. de alquiler. Él nos respondía que ya nos enteraríamos cuando entrásemos en el Mercado Común.
Dicen que todo lo que está pasando en el campo valenciano  es debido a unos acuerdos de  la U.E. con terceros países, productores de naranjas, pero como están en otro Hemisferio, no van  hacer competencia a la naranjas españolas. ¿Alguien se lo cree? Probablemente solo a los políticos que están negociando estos acuerdos. Desde luego a los comerciantes españoles habría que preguntarles.
En la temporada pasada, cuando empezó a notarse la competencia de la naranja traída “de fuera”, la gente también empezaba a preocuparse, pero no mucho, dada la mentalidad del agricultor, que cuando una cosa va mal, piensa que al año que viene irá mejor, es decir, se habrá solucionado el problema.
Nosotros también advertíamos que esto está empezando y que al año próximo sería peor. Teníamos información de “primera mano” sobre el interés  principalmente de Sudáfrica, pero sin llegar a imaginar que sería para tanto.
De vecinos tenemos una parcela de naranjas “Valencia late”, la naranja tardía por excelencia, que cuando helaba en las zonas naranjeras, se pagaba muy cara. Ahora nos imaginábamos que las importaciones tendrían el mismo efecto sobre las variedades primeras, al igual que ocurre con una helada, pero no. Ahora "la helada" es continua, es decir,  que empieza en verano, cargándose toda las naranja de primera temporada, pero luego sigue y sigue, hasta el final de campaña.
En esta parcela de “valencias” suponíamos que este año el dueño ganaría mucho dinero, por aquello de que como era tardía, no le afectaría la competencia de las naranjas “de fuera”, pero el otro día, a mediados de mayo, veo una cuadrilla de “collidors” metiéndola en sacos, sin ningún cuidado, en lugar de los capazos que se usan para no lastimar el fruto. Esto ya fue suficiente para que me acercara a preguntar y, lo de siempre, era para “la pelaora”  (zumos) y gracias. Este año ha sido la única salida, pues el comercio valenciano no ha comprado en el árbol prácticamente nada, por lo que el precio para la “pelaora”, rondando el euro cada 20 kilos, sea lo único que se haya conseguido y que si se descuentan los gastos de traslado, es gratis. Con lo que se avecina, este comercio va a aumentar y, por consiguiente, cada año vamos a ver menos agricultores profesionales.        .
Parece que los “mercaderes” de la política europea y de los grandes centros comerciales, han encontrado la varita mágica, para tener toda la naranja que quieran, al precio que quieran y cuando quieran, sin depender de los comerciantes españoles. Parece que ya han conseguido acabar con la dependencia de los productores del Sur europeo, pues suponemos que el problema afectará, también, a los otros países europeos productores de Cítricos. Ahora la reciben directamente de los productores de MercoSur
Por lo que se ve y se adivina, el problema es mucho más grave de lo que dicen por ahí los Organismos, más o menos “oficiales” (porque cobran de la Administración), que proclaman  estar muy preocupados por la naranja sin venta que se ha quedado en el campo, pero nada más, ya que ni pueden ni …
De una “tacada” se pueden cargar no sólo la producción, sino toda la red comercial, que ha costado muchos años y esfuerzos de montar. ¿Cómo ha  quedado el comerciante o cooperativa, que ha invertido una porrada de millones adaptando su “almacén” o empresa, previniendo todo el comercio que se esperaba por estar dentro de la U.E.? ¿Ahora podrá atender a sus obligaciones bancarias? Difícil lo va a tener.
Hasta aquí hemos comentado los problemas de la naranja, pero el problema de la venta agrícola se puede extender a todo el territorio español y más tarde al Sur europeo, tanto para los productores de fruta, como todo lo demás. El milagro almeriense de los invernaderos, todavía persiste, pero nosotros, con nuestra mentalidad de pequeñas parcelitas, haciendo de todo,  no se puede competir. Ya no estamos en los años 60, donde los naranjeros se consideraban ricos. Ahora se ha llegado a la triste realidad, de que el mercado europeo ya no es nuestro. Las grandes empresas multinacionales, muchas de ellas con dinero de aquí, han invadido Europa y no hay solución. Aquí se enfrentan los intereses millonarios de esa gente que se ve en las películas, con sus yates y todo lo demás, que no trabajan porque otros trabajan para ellos, con los que tienen que vivir de su trabajo, con "el sudor de su frente", como dice la frase bíblica.
Se ha llegado a dudar, de si verdaderamente valdrá la pena, si será posible o rentable, promover esa agrupación de propietarios a semejanza de lo que ocurre con las acciones de bolsa, para crear explotaciones con suficiente base territorial y poder competir con lo que nos viene de fuera de Europa.  Nos estamos refiriendo a esos países emergentes, cuyas fincas abarcan kilómetros y más kilómetros, y para  más “inri” tienen toda la mano de obra que quieran y muy barata. Recuerdo hace muy pocos años, por Marruecos, visitando plantaciones intensivas, recién plantadas de olivos, los jóvenes empresarios me decían que tienen la maquinaria prácticamente toda subvencionada, pero les resultaba más barato contratar obreros que usarla. ¿Vale la pena continuar?, o sería preferible que no hubieran tanto organismos públicos.
¿Sobran o faltan comentarios?
Jesús Antonio Moya Talens
Ingeniero Agrónomo
Agente-Jefe jubilado de Extensión Agraria