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150 AÑOS DEL NACIMIENTO DE DR.D. JOSE ALEMANY Y BOLUFER - (1866-2016)
16/05/2016
El Patrimonio de un pueblo no lo constituye únicamente los restos arqueológicos, edificios emblemáticos, esculturas, pinturas, imágenes, cerámicas, entorno natural, ríos etc. Forman parte también del Patrimonio de un pueblo sus hijos ilustres, como el Dr. Alemany cuyo 150º aniversario de su nacimiento tendrá lugar el próximo 1º de Junio.

Hombre ejemplar, de temperamento e integridad absoluta en sus decisiones en la lucha por la vida, que no conoció el fracaso, pasando de labrador a helenista y filólogo. Nunca desmayó en la brecha, porque tenía fe en Dios y en sí mismo. 
Nació en Cullera el 1 de junio de 1866 en la calle de la Paz nº 8 del arrabal de San Agustín, y fue bautizado el mismo día en la parroquia de los Santos Juanes. Sus padres eran personas de escasos recursos económicos, aunque nunca les faltó trabajo. Era el tercero de diez hermanos. Cuando cumplió la edad escolar su madre se preocupó de llevarlo con su hermano Francisco a la escuela nacional de la Casa de la Enseñanza ubicada en la calle del Rio, muy alejado de la casa de la calle de la Paz donde residían, por lo que convino con el maestro cierta cantidad para que los acompañase a la escuela y terminadas las tareas los devolviera al hogar, gestión digna de alabar al preocuparse la madre por la educación de sus hijos.
Cuando iba dos o tres años a la escuela, un día trajo a casa veinte pesetas. La madre se asustó: “ su hijo se lo ha ganado. El notario Verdín necesitaba un ayudante para confeccionar el censo de la población, y me preguntó si yo tenía algún alumno aventajado: le lleve a José, y ha cumplido muy bien su cometido, que le ha dado ese dinero y además ha quedado muy agradecido. “
Viendo estas disposiciones su madre, decidió que estudiara, pero el padre labrador se opone, porque al aumentar el número de hijos, confía en que José le ayude en sus trabajos agrícolas en cuanto tenga edad. Cumplidos los doce años lo lleva al Seminario de Valencia aprovechando una beca que le fue concedida; pero José no tenía vocación, se dio cuenta que no sería un buen sacerdote, y aprovechando las vacaciones de Pascua, abandonó el Seminario, haciendo el viaje a pie de Valencia a Cullera.
Fue campesino hasta los diecisiete años, pero no cejó en el estudio y lectura de todo cuanto caía en sus manos. Ayudaba a su padre en las tareas del campo y por las noches enseñaba a algunos niños del “Raval” que le remuneraban su trabajo con dos reales al mes los que aprendían a leer y una peseta los que aprendían a leer y escribir.
Los padres resolvieron que el joven maestro ampliara sus conocimientos estudiando la Segunda Enseñanza. El colegio más próximo radicaba en Sueca. Su padre había comprado una caballería para su trabajo a un tratante suecano. La madre se trasladó un día a pagar el plazo correspondiente y le pidió al tratante de la caballería se interesase por inscribir a su hijo en el centro de Segunda Enseñanza, cosa que hizo muy a gusto, y su hijo José empezó a estudiar el Bachillerato, trasladándose todos los días a pie a Sueca y luego volver a casa de la misma manera.
En el primer curso que terminó en Junio de 1883, obtuvo dos sobresalientes, dos premios y una pensión de 375 pesetas anuales, que se elevó a 500 pesetas en cursos sucesivos, y que concedía el Ayuntamiento de Sueca al alumno de más brillante expediente. Aprueba en 1886 el cuarto curso en la convocatoria de enero y el quinto en la de mayo.
Concibe la idea de realizar estudios superiores, pero es llamado a filas para hacer el Servicio Militar con destino en la Junquera. Escribe a sus padres con el fin de poder lograr un destino en Barcelona y así poder realizar estudios superiores. Nuevamente interviene la madre acudiendo a D. Tomás Piris persona influyente de Cullera, que consiguió que lo trasladaran a Barcelona, prestando sus servicios como ordenanza en Capitanía General, dejándole tiempo libre para el estudio y asistencia a clases en la Universidad. Un pan que le daban todos los días, catorce pesetas que cobraba al mes por estar rebajado de rancho y quince que le enviaban sus padres, estudiaba, comía y fumaba y aún ahorraba treinta céntimos todas las semanas para escribir a su novia y a sus padres.
Se licenció en Filosofía y Letras en 1888, obteniendo siete premios ordinarios y el extraordinario, por lo cual se le concedía el título correspondiente libre de gastos. El Director General de Instrucción Pública presidió el acto académico llamándole la atención que un joven soldado recibiera dichos premios; lo felicitó personalmente, manifestándole si podía hacer algo por él. D. José contestó que necesitaba tiempo y libertad para entregarse al estudio. Pidió la licencia del Servicio Militar, que le fue concedida por el Consejo de Ministros, además de la Encomienda de Isabel la Católica libre de gastos.
Para su imposición acudieron sus padres a Barcelona, recibiendo honores en la Capitanía General que se vistió de gala; los soldados tuvieron fiesta y rancho extraordinario, y los que eran de Cullera y Sueca formaron la escolta de honor.
Intensificó sus estudios y acaba el Doctorado en Barcelona, haciendo la reválida en Madrid en 1889. Para ganarse el sustento daba clases particulares en la ciudad condal, en espera de opositar a cátedras de su especialidad. El 23 de marzo de 1890 se casa con la señorita cullerense Dolores Selfa Adam. Fruto de este matrimonio fueron nueve hijos.
Se celebran las oposiciones a las cátedras de griego en Salamanca y Granada. La de Salamanca fue para Unamuno, y la de Granada para D. José, teniendo como principal contrincante a Ángel Ganivet. Presidió el tribunal D. Marcelino Menéndez y Pelayo otorgando la cátedra por unanimidad. 
En diciembre de 1889 por oposición gana la cátedra de griego de la Universidad Central, pasando a vivir a Madrid. Académico de la Real Academia Española desde 14 de marzo de 1909, ocupando el sillón de la letra “S”, en el que antes se sentó el Conde de Liniers, y al fallecimiento del Dr. Alemany el novelista don Wenceslao Fernández Flórez, que hizo el elogio de su antecesor en el discurso de ingreso: “Ilustre entre los ilustres varones que conocen lo que pudiéramos llamar el alma y el cuerpo de las palabras…., de inextinguible recuerdo en la Academia”. En 1925 ingresa en la de Historia. Su actividad de cátedra, traducciones, artículos y obras es intensa. Revisó el Diccionario Usual de la Lengua Castellana en 1927 siendo du director D. Antonio Maura.
Extraordinario poliglota, fue el primer sanscritista de España, no había secretos para él en el griego y latín, y leía y escribía el inglés, francés, alemán, sueco, fines y ruso. Su lengua familiar al encontrarse en su ciudad natal a la que acudía en la casa número 21 de la actual calle José Burguera, era el valenciano.
Aparte del Diccionario y de la Gramática Histórica Española, escribió en 1893 el prólogo de la Historia de Cullera de Andrés Piles. Tradujo al sánscrito Hitopadeza (1895). En total cuarenta y dos títulos de libros traducidos de varias lenguas.
Quien no quería honores, ni condecoraciones, por ser refractario a exhibiciones y vanidades, se vio obligado a aceptarlas: Caballero de Isabel la Católica; Delegado regio de Primera Enseñanza en 1919; Consejero de Instrucción Pública; Caballero Cubierto ante el Rey, gozando de la consideración y trato personal de Alfonso XIII. Decano de la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid; Académico correspondiente de la Sociedad de Geografía e Historia de Santiago de Chile, Ídem de la de Historia de Ecuador; Ídem de la de Ciencias y Bellas Artes de Córdoba; Ídem de la de Cádiz. Miembro de Honor de Estudios Atenienses de Paris; y por ser Académico de la Española, era correspondiente de todas las Academias de la misma índole hispanoamericanas.
En los años de su vejez sus actividades no disminuyeron. Desde 1925 fecha de entrada en la Academia de la Historia, hasta 1934, continuó publicando artículos en los Boletines de ambas Academias. Destaco como de mayor importancia el discurso de contestación al de ingreso en la Real Academia Española del Rvdo. P. Luis Fullana Mira, O.F.M.
Fue nombrado Hijo Predilecto de Cullera, y el 15 de mayo de 1919, junto con su esposa, fueron padrinos de la Coronación Canónica de la Mare de Déu del Castell.  Murió en Madrid el 26 de octubre de 1934, víctima de la arterioesclerosis que venía padeciendo desde hacía varios años. Fue enterrado al día siguiente con una importante manifestación de duelo en el cementerio de la Almudena.
Cullera le dedicó la principal calle de la población, y lleva su nombre un colegio de Primera Enseñanza.  En 1966 al celebrar el año de su Centenario se erigió un busto obra del escultor Enrique Torres ubicado actualmente al final de su calle en un pequeño jardín y se colocó una placa conmemorativa en su casa natalicia. Existe también en la casa calle José Burguera 21, que en las épocas de descanso habitaba en nuestra Ciudad una placa conmemorativa dedicada a D. José Algunos de sus nietos mantienen su vinculación con nuestra Ciudad, ocupando dicha casa en la época estival. Igualmente el Ayuntamiento en 1966 con motivo de dicho Centenario, celebró un acto literario el 5 de agosto en el Cine Aurora, bajo la presidencia del Rector de la Universidad de Valencia Sr. Corts Grau; en dicho acto el catedrático D. Rafael Ferreres pronunció un elocuente discurso y se instituyeron los premios  “Ciudad de Cullera”, uno de los cuales, dotado con 30.000.- pesetas y destinado a recompensar el mejor estudio bio-bibliográfico y juicio crítico de D. José Alemany, recayó por unanimidad del jurado calificador al Ensayo del autor D. Manuel Martínez Camaró, Doctor en Letras; libro que fue editado por el Ayuntamiento de Cullera. Toda la prensa nacional y valenciana, así como las revistas especializadas se hicieron eco, con tal motivo, de la figura de éste gran erudito cullerense, que tan importante papel desempeño en la vida académica de su tiempo.

LUÍS F. FORMENTÍN PEÑALOSA